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Profesora Elsa Castillo sentada en su oficina en el Peters Business Building el 29 de agosto de 2017. (Benjamin Cruz/ The Collegian)

Nunca es tarde para terminar lo empezado: profesora continúa su educación

Su pasión por la enseñanza la ha llevado a rebasar fronteras. El conocimiento de Elsa Castillo, una pedagoga del idioma español, es admirable.

Tras tener una educación extensa, Castillo ha logrado convertirse en la coordinadora de los asistentes de profesor (TAs) en Fresno State.

En los 24 años de pedagogía, Castillo ha contribuido por generaciones a que los estudiantes alcancen el éxito académico.

Su historia empieza en Guatemala, donde Castillo vivió 23 años. En Guatemala, estudiaba psicología y educación especial. (Nota del editor: la última versión dice que Castillo enseñaba educación especial).

Pero tuvo que abandonar su educación al igual que su vida en Guatemala para evitar las amenazas contra su esposo, ya que fue acusado de ser un guerrillero sandinista por haber formado parte de un programa de medicina para auxiliar a Nicaragua.

Con una bebé en brazos de solo días de nacida, Castillo y su esposo tuvieron que salir en busca de refugio. En 1980, su vida empezó en los EE. UU. Se les había otorgado un permiso para establecerse y trabajar tras presentar su caso a un congresista de Sacramento.

Al llegar a los EE. UU. volvió a ser madre en dos ocasiones más, lo cual le impedía regresar a la escuela para poder aprender inglés.

Pero el quedarse en casa no fue una desventaja, dijo Castillo. Al hacer sus actividades diarias, su nivel de inglés fue aumentando sin que ella se diera cuenta.

“No sabía que estaba aprendiendo tanto inglés en la casa sola, leyendo el periódico o viendo televisión”, dijo Castillo.

Poco después de haber establecido su vida en un nuevo hogar, el esposo de Castillo pudo conseguir un trabajo en Roseville por las tardes en una clínica. Eso le dio la oportunidad a Castillo de regresar a la escuela por las mañanas con el propósito de poder aprender inglés.

Castillo asistió a una escuela del pueblo llamada El Concilio donde ofrecían clases de inglés. Al llegar al aula se dio cuenta que la mayoría de los estudiantes eran de origen mexicano y la maestra de origen anglosajón.

Un dia mientras la maestra daba la lección, una estudiante al lado le pidió ayuda para entender a la maestra, “la cual enseñaba de una forma muy gramatical”, según Castillo.

El hecho de tener conocimiento de la gramática en español ayudó a Castillo a poder explicar a su compañera – aun sin saber inglés.

Tras ver como Castillo ayudaba a su compañera, la directora de la escuela le propuso trabajar como ayudante de la maestra de inglés. Sorprendida, Castillo reaccionó de la siguiente manera: “pero yo no sé nada de ingles, absolutamente nada, estoy aprendiendo”.

De esa manera comenzó a trabajar, dijo Castillo. Sin embargo, no pudo aprender inglés como ella deseaba ya que siempre estaba ayudando a sus compañeros usando el español.

En 1989, Castillo decidió entrar al colegio comunitario en la ciudad de Fresno ahí fue donde se dio cuenta que su entendimiento del inglés había avanzado.

“Trataba de matricularme en cuanta clase se me fuera posible durante los martes y jueves ya que fue mi decisión no pedir en el Fresno City College que validarán mis estudios en Guatemala ya que mi objetivo, en ese tiempo, era nada más aprender inglés”, dijo Castillo. (Nota del editor: la última versión dice que Fresno City College no quiso validar los estudios de Castillo).

Al paso del tiempo fue acumulando unidades para llegar a Fresno State. Comenzó en la universidad como estudiante, después pasó como asistente de profesor (TAs) y luego a formar parte del profesorado.

Había llegado al programa del doctorado en la universidad de Antonio Nebrija en Madrid, donde obtuvo todos los requisitos para el doctorado, el cual no pudo obtener debido a un suceso personal que se presentó.

Y de esta manera llegó a formar parte de la profesorado en la universidad de Fresno.

Como profesora, Castillo da clase de lingüística, lingüística aplicada, clases de español para futuros maestros bilingües, el curso de metodología para la enseñanza del español a los estudiantes graduados y coordina a los asistentes de profesores (TAs).

El no tener su doctorado, según Castillo, es un obstáculo que ella ha enfrentado a lo largo de su carrera en Fresno State, ya que no tiene los mismos beneficios y oportunidades como los profesores con cátedra (tenure).

Se le otorgó una beca Fulbright que requería que Fresno State proveyera una mínima contribución monetaria, pero no le dieron los fondos por ser “lecturer” y ella tuvo que poner el dinero para no perder la beca. (Nota del editor: la última versión dice que Castillo no recibió la beca Fulbright).

“Yo he hecho muchísimo de lo cual no tengo crédito, por ser lecturer (y no tener mi doctorado)”, dijo Castillo. “Si quiero asistir a una conferencia yo tengo que pagar de mi bolsillo”.

Sin embargo, esto no detiene a Castillo de asistir a conferencias ni a seguir superándose.

Castillo trata de formar parte de cuantas conferencias sean posible como la conferencia anual llamada American Council on the Teaching of Foreign Languages (ACTFL), una de las más importantes en los EE. UU.

Por otro lado, dijo Castillo, “al coordinar a los TA’s encuentro satisfacción, ya que aprendo de ellos y lo que puedo darle de mi experiencia se los doy”.

Agregó Castillo, “Me gusta darles autonomía porque uno de los beneficios de ser TAs es que uno se puede desarrollar como profesor … Uno de mis objetivos como coordinadora es que cada uno se desarrolle con su propio estilo, con su propia personalidad”.

Sobre todo lo que ha hecho en su vida, y el tener un extenso conocimiento de pedagogía en el idioma español, Castillo – sueño que perduró desde su niñez – aspira a practicar el periodismo.

“No estudié periodismo, porque yo quería ser mamá y sabía que para lograrlo no podía convertirme en una periodista de campo”, Castillo dijo.

Castillo, una vez jubilada, le gustaría tener su propia columna para escribir ya sea en un periódico, revista o en algún programa, dijo Castillo, “porque no hay edad para escribir”.